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السلام عليكمLa paz sea con ustedes 
El Corán como lo recitamos

قِرَاءَةُ خَلَفٍ عَنْ حَمْزَةَ

Nuestra recitación: qirāʾat Khalaf ʿan Hamza

En nuestra comunidad recitamos el Corán según la transmisión del imam Khalaf ibn Hisham de la lectura del imam Hamza de Kufa, una de las diez lecturas auténticas.

Una recitación que viene del Profeta ﷺ

Las lecturas auténticas del Corán (qirāʾāt) no son estilos ni interpretaciones: llegan hasta nosotros por cadenas masivas e ininterrumpidas de maestros (tawātur) que se remontan al Profeta ﷺ. Con ellas no solo se transmiten las palabras, sino la manera exacta en que él las pronunciaba: dónde se detenía, cuánto alargaba cada vocal (madd) y los matices propios de su voz.

Recitar según una qirāʾa es, por eso, repetir el Corán tal como salió de los labios de Rasulullah ﷺ, con el mismo ritmo y el mismo aliento.

Una lectura en varias dimensiones

La lectura de Hamza es célebre por la riqueza de sus reglas. Una de las más bellas es el ishmām: en algunos casos es un gesto de los labios, que se redondean para indicar una vocal sin llegar a pronunciarla, de modo que la recitación también se ve; en otros, como en aṣ-ṣirāṭ, la letra ṣād se tiñe con el sonido de la zāy.

A esto se suman sus reglas propias para detenerse sobre la hamza, que obligan al recitador a estar atento a cada pausa. Es una lectura que se escucha, se ve y se medita.

¿Por qué no la lectura de Hafs?

La lectura de Hafs an Asim es hoy la más extendida en el mundo, en buena parte gracias al muṣḥaf impreso en El Cairo en 1924, que se reprodujo masivamente y se convirtió en el modelo de casi todas las ediciones modernas.

Sin embargo, su transmisor, Hafs ibn Sulayman, tiene una particularidad llamativa: el gran ḥāfiẓ Ibn Hajar al-Asqalani lo califica en su Taqrīb at-Tahḏīb como «matrūk al-ḥadīṯ», es decir, alguien cuyos hadices se rechazan, aunque reconoce su maestría en la recitación. Los sabios aceptan su lectura del Corán, pero no su transmisión de hadices.

Esto no afect a la validez de la lectura de Hafs, que es aceptada por consenso. Pero con el imam Khalaf esa paradoja simplemente no existe.

El imam Khalaf

Khalaf ibn Hisham al-Bazzar (150–229 H), de Bagdad, aprendió la lectura de Hamza de su discípulo Sulaym ibn Isa. Fue un hombre íntegro y de excelente reputación. Además, él mismo es contado entre los diez grandes lectores del Corán.

Ibn Hajar lo califica de «ṯiqa», digno de confianza, y le reconoce una lectura propia en las qirāʾāt. Su recitación y su palabra son igualmente aceptadas.